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portal de la palabra virtual portal de la palabra virtualno descansarán nuestros versos portal de la palabra virtualbajo la inerte sábana del olvido portal de la palabra virtualanaMía

A Mi Jardín De Mi Infancia

Hoy he entrado en mi jardín,
en mi jardín de mi infancia.
En aquel jardín de flores,
de ilusiones y temores.
Lleno de juegos ingenuos,
llenos de solitarias charlas
por haberme imaginado
grandes amigos fantasmas.
De sus paredes caducas,
a las ramas entrelazadas,
creí ver a mi niñez
convertida en telarañas.
Mi cuerpo se ha estremecido,
mi memoria me gritaba
al ver al limonero,
al limonero y la rama
donde mi cuerpo pequeño
siempre se columpiaba.
He visto el viejo banco
y sus columnas ajadas
que aún tenían fuerzas
para poder sostener
a la presumida terraza.
El banco estaba ya viejo,
su memoria le fallaba.
Quise hacerle recordar
cuantas tardes de veranos,
de inviernos y primaveras,
o de otoños soleados
él fue un buen compañero,
un buen amigo callado.
He visto el viejo árbol,
Con sus raíces tan fuertes.
con sus raíces cansadas
y como la tierra seca
a su alrededor levantaba.
He visto la carbonera,
vacía, ¡No había nada!
¡Y mi alma preguntaba!
¿Dónde estará aquella leña?
que mi cuerpo calentaba
y hacía que mi niñez
fuera una niñez de hadas.
Metí la cabeza en ella,
y aquella leña no estaba.
He visto la fuente rota,
Sin macetas, sin su agua,
estaba triste y callada,
su surtidor no cantaba,
la tierra de mi jardín
estaba gris y agrietada,
era albero envejecido
su amarillo no brillaba.
Cubierto de hojarascas
mi jardín agonizaba.
En la escalera de atrás
el jazmín aún estaba,
las ramas a la baranda
aún seguían abrazadas
como sí un inmenso cariño
impidiera separarlas.
Recordé algún verano
con los jazmines cerrados;
era una ceremonia
arrancarlos y ensartarlos
en una horquilla de moño
y con agua rociarlos,
cuando llegaba la fresca
la moña había reventado.
Recordé las gitanillas,
Los gladiolos, los geranios,
los arriates pequeños
de pensamientos plantados,
ahora eran los míos
los que en mi viejo jardín
con fuerza se han agarrado.
Mis ojos se han empañado,
mi alma está acongojada.
He abierto las cancelas;
las cancelas que en su día
me tuvieron bien guardada.
Y en mi mente se ha quedado
el limonero y la rama,
donde mi cuerpo pequeño
siempre se columpiaba


Mercedes A. Alexandre

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Publicado el: 24-05-2003
Última modificación: 00-00-0000


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