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Las absurdas leyes mexicanas




Todo hace suponer que vivimos en un régimen de Derecho en el cual las leyes fueron creadas para hacer posible la vida gregaria, pues de otra manera no se concibe un Estado que pretenda vivir bajo un orden jurídico.

Se dice que en México “las leyes fueron escritas para ser violadas” y a decir verdad es el mismo gobierno federal quien nos demuestra, a través de sus absurdas disposiciones, que tan lapidaria sentencia es una verdad absoluta. Veamos un claro ejemplo:

El artículo 10 de la Constitución Política que nos rige a todos los mexicanos y a la que pomposamente se le denomina Carta Magna, señala que “los habitantes de los Estados Unidos Mexicanos tienen derecho a poseer armas en su domicilio, para su seguridad y legítima defensa, con excepción de las prohibidas por la ley federal y de las reservadas para el uso exclusivo del Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Guardia Nacional. La Ley Federal determinará los casos en que se podrá autorizar a los habitantes la portación de armas.”

No se requiere ser un genio para deducir que el permiso de poseer armas en el domicilio lleva implícitas dos circunstancia: Una, la de adquirir en propiedad el arma. Dos, la de conducirla hacia el domicilio. Pero sucede que en México no se puede cumplir con ninguna de esas dos condiciones implícitas en la autorización escrita arriba entre comillas y formulada con claridad meridiana por el Constituyente de Querétaro, pues las únicas armas de posible adquisición son las que se expenden clandestinamente en un mercado negro al cual sólo tienen acceso los delincuentes y los guerrilleros, dada la prohibición de que la venta de armas se haga de manera abierta, y por ende, sólo en la clandestinidad y lógicamente al margen de la ley se les consigue. Pero suponga, que a usted amable lector le regala un arma, de las permitidas por el artículo décimo constitucional, algún buen amigo; ¿cómo se la lleva a su domicilio sin violar la Ley de Armas y Explosivos, al amparo de la cual al que pillan con una pistolita lo tratan como si estuviese preparando una asonada en contra de las autoridades legalmente constituidas?

Me permití escribir las anteriores cavilaciones porque en el lapso de 20 días se han metido a robar en dos ocasiones en la finca “Santa Lucía” que tengo en copropiedad con mis hermanos en el municipio de Tapachula. La persona encargada de cuidar dicha propiedad me solicitó le proporcione un arma de fuego, no para matar a nadie, pero sí para echar cuando menos tiros al aire y disuadir de esa manera a los rateros, quienes al escuchar las detonaciones supondrán que existe la posibilidad de repeler cualquier ataque de ellos. Lógicamente, no puedo comprar ninguna arma de fuego y de encontrarme alguna por ahí tirada, si la llevó conmigo me la quitan y todavía me meten una encarcelada de pronóstico reservado. Por otro lado, mi hermano Sergio ya hizo saber a las autoridades tan irregular situación, sin que hasta ahora las mismas obren en consecuencia. Como quien dice, estamos en manos de los delincuentes. ¿Y las autoridades? ¡Muy bien, gracias!

No se necesita convencer a nadie de la impotencia en que el mismo gobierno mexicano ha colocado a las gentes de bien, pues esa circunstancia la percibe hasta un niño de pecho. Pero además, la incapacidad de las autoridades públicas es evidente tratándose de evitar se atente contra el patrimonio, la seguridad y la vida de las personas de manera tan flagrante.

Este artículo está condenado a ser un grito en el desierto y a perderse ante la pasividad de los particulares (muchos de ellos víctimas propiciatorias de los delincuentes) y la tolerancia de quienes debían estar desplegando todo su esfuerzo para proteger a la sociedad, y que no obstante las denuncias y los muchos llamados de auxilio, duermen un pesado sueño de incapacidad y de importamadrismo. Es claro, si aquí tratásemos el caso de las imprudentes y racistas declaraciones de Hugo Sánchez al cual los chiapanecos le gustamos para hacernos víctimas de sus desahogos de conciencia, diciendo que “el fútbol anda tan mal en México que ya hasta los chamulas tienen un equipo en primera división profesional”, estas letras serían foto copiadas y le darían cuatro vueltas al estado y posiblemente serían motivo de refritos en la prensa nacional, hasta dejar a todos enterados de su contenido. Pero como estamos hablando del desabrido tema de la seguridad pública, esta página irá a parar en breve al calentador de agua para preparar el baño de alguna maritornes, pues no le auguro un destino muy halagüeño.

Ya de por sí era triste y desalentadora la situación de las fincas cafetaleras del Soconusco derivada de la caída de los precios internacionales del café, pero como ahora debemos agregarle la problemática de los robos perpetrados ante la incapacidad de la policía, y sobre todo, en un ambiente “legal” en el que sólo le es posible hacerse de armas a los delincuentes habituales, sencillamente se ha profesionalizado la delincuencia mientras que a las gentes honradas se les obliga a vivir en una total y absoluta indefensión. Ah, pero el 15 de septiembre hay que salir a las calles a gritar ¡Viva México, cab...ezones! Para celebrar con una “chela” en la mano “la mexicana alegría”, mientras los rateros atracan nuestros domicilios u otras propiedades, pues la policía “que siempre está en vigilia” no puede brindarle protección a nadie.

Las leyes llevan implícitas toda una serie de circunstancias que nadie respeta, incluida en primer término la de la compra de armas para proteger a nuestra familia, a nuestro hogar, a nuestra integridad física, a nuestra vida, a nuestro honor y a nuestro patrimonio. En un tiempo, los gobiernos, dada su ilegitimidad eran los primeros en sentir miedo a que el pueblo se armase. Recordemos lo que pasó el 2 de octubre de 1968 y se entenderá el alcance de mis palabras. Pero ahora, cuando el pueblo ha elegido a sus autoridades ¿a qué le tienen miedo? Una población inerme es un pueblo condenado a las acciones de la delincuencia profesionalizada, gracias a la ceguera de los que hacen las leyes y de quienes las aplican.

Mientras la cleptocracia merodea en la penumbra, el inválido moral se refugia en la tiniebla. En el crepúsculo medra el vicio que la mediocridad ampara; en la noche irrumpe el delito protegido por las leyes que lejos de proteger a la sociedad, la sofocan. La hipocresía consiente el crimen hasta llegar a la infamia de cerrar los ojos ante la verdad. Para los que gustan de tomar el rábano por las hojas, debo decir que es el Gobierno Federal el principal causante de tan anómala situación. El de antes y el de ahora.


Julio Serrano Castillejos

Copyright © Todos los derechos reservados.

Publicado el: 04-10-2009
Última modificación: 05-10-2009


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Todo hace suponer que vivimos en un régimen de Derecho en el cual las leyes fueron creadas para hacer posible la vida gregaria, pues de otra manera no se concibe un Estado que pretenda vivir bajo un orden jurídico.

Se dice que en México “las leyes fueron escritas para ser violadas” y a decir verdad es el mismo gobierno federal quien nos demuestra, a través de sus absurdas disposiciones, que tan lapidaria sentencia es una verdad absoluta. Veamos un claro ejemplo:

El artículo 10 de la Constitución Política que nos rige a todos los mexicanos y a la que pomposamente se le denomina Carta Magna, señala que “los habitantes de los Estados Unidos Mexicanos tienen derecho a poseer armas en su domicilio, para su seguridad y legítima defensa, con excepción de las prohibidas por la ley federal y de las reservadas para el uso exclusivo del Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Guardia Nacional. La Ley Federal determinará los casos en que se podrá autorizar a los habitantes la portación de armas.”

No se requiere ser un genio para deducir que el permiso de poseer armas en el domicilio lleva implícitas dos circunstancia: Una, la de adquirir en propiedad el arma. Dos, la de conducirla hacia el domicilio. Pero sucede que en México no se puede cumplir con ninguna de esas dos condiciones implícitas en la autorización escrita arriba entre comillas y formulada con claridad meridiana por el Constituyente de Querétaro, pues las únicas armas de posible adquisición son las que se expenden clandestinamente en un mercado negro al cual sólo tienen acceso los delincuentes y los guerrilleros, dada la prohibición de que la venta de armas se haga de manera abierta, y por ende, sólo en la clandestinidad y lógicamente al margen de la ley se les consigue. Pero suponga, que a usted amable lector le regala un arma, de las permitidas por el artículo décimo constitucional, algún buen amigo; ¿cómo se la lleva a su domicilio sin violar la Ley de Armas y Explosivos, al amparo de la cual al que pillan con una pistolita lo tratan como si estuviese preparando una asonada en contra de las autoridades legalmente constituidas?

Me permití escribir las anteriores cavilaciones porque en el lapso de 20 días se han metido a robar en dos ocasiones en la finca “Santa Lucía” que tengo en copropiedad con mis hermanos en el municipio de Tapachula. La persona encargada de cuidar dicha propiedad me solicitó le proporcione un arma de fuego, no para matar a nadie, pero sí para echar cuando menos tiros al aire y disuadir de esa manera a los rateros, quienes al escuchar las detonaciones supondrán que existe la posibilidad de repeler cualquier ataque de ellos. Lógicamente, no puedo comprar ninguna arma de fuego y de encontrarme alguna por ahí tirada, si la llevó conmigo me la quitan y todavía me meten una encarcelada de pronóstico reservado. Por otro lado, mi hermano Sergio ya hizo saber a las autoridades tan irregular situación, sin que hasta ahora las mismas obren en consecuencia. Como quien dice, estamos en manos de los delincuentes. ¿Y las autoridades? ¡Muy bien, gracias!

No se necesita convencer a nadie de la impotencia en que el mismo gobierno mexicano ha colocado a las gentes de bien, pues esa circunstancia la percibe hasta un niño de pecho. Pero además, la incapacidad de las autoridades públicas es evidente tratándose de evitar se atente contra el patrimonio, la seguridad y la vida de las personas de manera tan flagrante.

Este artículo está condenado a ser un grito en el desierto y a perderse ante la pasividad de los particulares (muchos de ellos víctimas propiciatorias de los delincuentes) y la tolerancia de quienes debían estar desplegando todo su esfuerzo para proteger a la sociedad, y que no obstante las denuncias y los muchos llamados de auxilio, duermen un pesado sueño de incapacidad y de importamadrismo. Es claro, si aquí tratásemos el caso de las imprudentes y racistas declaraciones de Hugo Sánchez al cual los chiapanecos le gustamos para hacernos víctimas de sus desahogos de conciencia, diciendo que “el fútbol anda tan mal en México que ya hasta los chamulas tienen un equipo en primera división profesional”, estas letras serían foto copiadas y le darían cuatro vueltas al estado y posiblemente serían motivo de refritos en la prensa nacional, hasta dejar a todos enterados de su contenido. Pero como estamos hablando del desabrido tema de la seguridad pública, esta página irá a parar en breve al calentador de agua para preparar el baño de alguna maritornes, pues no le auguro un destino muy halagüeño.

Ya de por sí era triste y desalentadora la situación de las fincas cafetaleras del Soconusco derivada de la caída de los precios internacionales del café, pero como ahora debemos agregarle la problemática de los robos perpetrados ante la incapacidad de la policía, y sobre todo, en un ambiente “legal” en el que sólo le es posible hacerse de armas a los delincuentes habituales, sencillamente se ha profesionalizado la delincuencia mientras que a las gentes honradas se les obliga a vivir en una total y absoluta indefensión. Ah, pero el 15 de septiembre hay que salir a las calles a gritar ¡Viva México, cab...ezones! Para celebrar con una “chela” en la mano “la mexicana alegría”, mientras los rateros atracan nuestros domicilios u otras propiedades, pues la policía “que siempre está en vigilia” no puede brindarle protección a nadie.

Las leyes llevan implícitas toda una serie de circunstancias que nadie respeta, incluida en primer término la de la compra de armas para proteger a nuestra familia, a nuestro hogar, a nuestra integridad física, a nuestra vida, a nuestro honor y a nuestro patrimonio. En un tiempo, los gobiernos, dada su ilegitimidad eran los primeros en sentir miedo a que el pueblo se armase. Recordemos lo que pasó el 2 de octubre de 1968 y se entenderá el alcance de mis palabras. Pero ahora, cuando el pueblo ha elegido a sus autoridades ¿a qué le tienen miedo? Una población inerme es un pueblo condenado a las acciones de la delincuencia profesionalizada, gracias a la ceguera de los que hacen las leyes y de quienes las aplican.

Mientras la cleptocracia merodea en la penumbra, el inválido moral se refugia en la tiniebla. En el crepúsculo medra el vicio que la mediocridad ampara; en la noche irrumpe el delito protegido por las leyes que lejos de proteger a la sociedad, la sofocan. La hipocresía consiente el crimen hasta llegar a la infamia de cerrar los ojos ante la verdad. Para los que gustan de tomar el rábano por las hojas, debo decir que es el Gobierno Federal el principal causante de tan anómala situación. El de antes y el de ahora.


Julio Serrano Castillejos

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Publicado el: 04-10-2009
Última modificación: 05-10-2009


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