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portal de la palabra virtual portal de la palabra virtualno descansarán nuestros versos portal de la palabra virtualbajo la inerte sábana del olvido portal de la palabra virtualanaMía

¡ INCREÍBLE PERO CIERTO!

Tenían todo preparado para irse a Europa... Guillermina y Juan pasarían su segunda luna de miel en las Islas Griegas... Guillermina se presentó en el banco para cambiar quinientos mil pesos mexicanos a dólares, la sucursal estaba a sólo tres cuadras de su domicilio. Tuvo que formarse para llegar a la ventanilla; faltaban tres personas cuando abrió su bolso de mano y sacó el fajo de billetes unos cuantos segundos, luego los volvió a guardar, sin embargo la persona que estaba detrás de ella amablemente le ofreció una bolsa de papel para que depositara en él su dinero y al llegar a la caja no tuviera que sacarlo de nuevo. Ella le sonrió al caballero y le agradeció su gentileza. Le extendió al cajero la bolsa de papel, él la tomó y después de un rato prolongado se la devolvió no sin antes haberle pedido varias firmas en diversos documentos. Guillermina se despidió tanto del empleado bancario como de la persona que le obsequió la bolsa. Se dirigía a su casa y en la segunda cuadra, el mismo hombre que le había regalado la bolsa de papel, le tocó el hombro con un cuchillo y le dijo al oído: Entrégame la bolsa con los dólares, esto es un asalto, ten calma y actúa normalmente, no te quiero lastimar. Ella asustada abrió su bolso, metió su mano y sacó la bolsita de papel y de inmediato se la entregó al hombre. El asaltante le dijo estas palabras: Quédate quieta diez minutos, no pidas auxilio. Con paso lento y vacilante, Guillermina se dirigió a su casa, Juan la estaba esperando. Ella pálida lo abrazó y no pudo contener las lágrimas, le explicó lo sucedido; él le dijo que le diera la bolsa para revisarla, se fueron al recibidor y sacaron todo; ambos se sorprendieron, ¡la bolsa de papel estaba allí, con los dólares!. Entonces Juan le dijo, qué bolsa le entregaste al ladrón. A Guillermina le vino entonces una crísis nerviosa, reía como poseída, Juan al fin la pudo controlar; con voz atropellada, comenzó a explicarle a su marido que en la mañana había tomado una bolsa de papel idéntica a la que le dio al asaltante y había guardado en ella varias toallas sanitarias.
Guillermina y Juan realizaron su viaje, ¡INCREÍBLE PERO CIERTO!


Cuento del señor Mario Maestro Marcín.


GÉMINIS

Copyright © Todos los derechos reservados.

Publicado el: 16-11-2002
Última modificación: 00-00-0000


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¡ INCREÍBLE PERO CIERTO!

Tenían todo preparado para irse a Europa... Guillermina y Juan pasarían su segunda luna de miel en las Islas Griegas... Guillermina se presentó en el banco para cambiar quinientos mil pesos mexicanos a dólares, la sucursal estaba a sólo tres cuadras de su domicilio. Tuvo que formarse para llegar a la ventanilla; faltaban tres personas cuando abrió su bolso de mano y sacó el fajo de billetes unos cuantos segundos, luego los volvió a guardar, sin embargo la persona que estaba detrás de ella amablemente le ofreció una bolsa de papel para que depositara en él su dinero y al llegar a la caja no tuviera que sacarlo de nuevo. Ella le sonrió al caballero y le agradeció su gentileza. Le extendió al cajero la bolsa de papel, él la tomó y después de un rato prolongado se la devolvió no sin antes haberle pedido varias firmas en diversos documentos. Guillermina se despidió tanto del empleado bancario como de la persona que le obsequió la bolsa. Se dirigía a su casa y en la segunda cuadra, el mismo hombre que le había regalado la bolsa de papel, le tocó el hombro con un cuchillo y le dijo al oído: Entrégame la bolsa con los dólares, esto es un asalto, ten calma y actúa normalmente, no te quiero lastimar. Ella asustada abrió su bolso, metió su mano y sacó la bolsita de papel y de inmediato se la entregó al hombre. El asaltante le dijo estas palabras: Quédate quieta diez minutos, no pidas auxilio. Con paso lento y vacilante, Guillermina se dirigió a su casa, Juan la estaba esperando. Ella pálida lo abrazó y no pudo contener las lágrimas, le explicó lo sucedido; él le dijo que le diera la bolsa para revisarla, se fueron al recibidor y sacaron todo; ambos se sorprendieron, ¡la bolsa de papel estaba allí, con los dólares!. Entonces Juan le dijo, qué bolsa le entregaste al ladrón. A Guillermina le vino entonces una crísis nerviosa, reía como poseída, Juan al fin la pudo controlar; con voz atropellada, comenzó a explicarle a su marido que en la mañana había tomado una bolsa de papel idéntica a la que le dio al asaltante y había guardado en ella varias toallas sanitarias.
Guillermina y Juan realizaron su viaje, ¡INCREÍBLE PERO CIERTO!


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