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EL AHORRO

EL AHORRO (relato)

Este es un pequeño relato que podría muy bien ser realidad, pues la vida es dura. Y en él se puede comprobar cómo la desgracia se puede cebar en una familia, como ha ocurrido en este caso que les cuento, que parece sacado de la realidad.


Juan y Carmen era un matrimonio con cuatro hijos, normal y corriente como hay muchos, con sus problemas, sus inquietudes y sus luchas con la vida, pues nuestro padre Adán nos dejó esta herencia.

Juan, hombre normal, trabajador, buen esposo y mejor padre, que sólo deseaba lo mejor para los suyos, pero la vida nos tiene reservadas muchas sorpresas y al pobre Juan le jugó una mala pasada. Carmen que era una esposa modelo, cayó enferma, teniendo Juan que hacer de padre y madre, pues los niños eran aún muy pequeños para ayudar en nada, asistían a sus respectivos colegios, un poco distantes, por ello una nueva desgracia vino a aumentar las ya acumuladas, pues los dos más pequeños cogiditos de la mano iban por la acera tal como mamá así se lo decía, pues por su enfermedad no podía acompañarlos como era su costumbre, y un buen día Juanín, el más pequeño, cuatro añitos, resbaló y cayó fuera de la acera, su hermanito Luis, un añito mayor, quiso ayudarlo no viendo que venía un coche que tenía su parada, pues era del servicio público, porque no vio al niño o porque no pudo evitar la catástrofe, mató al pequeño e hirió gravemente a Luisito.

Nada dijeron a la madre para no agravar su enfermedad que poco a poco se iba reponiendo, quizás a costa de la salud del pobre Juan, que dormía poco, y tenía que trabajar mucho para que los niños no echaran en falta a su madre.

Con el sueldo de Juan, un poco escaso para tantas bocas y hacer frente a la enfermedad de su esposa, pero con la ayuda de Dios iban saliendo adelante. Carmen se puso bien de su enfermedad y como buena católica tomó con resignación la fatal desgracia, pero como dice el refrán, las desgracias nunca vienen solas, y así fue cómo la desgracia se cebó en esta familia buena y ejemplar.

Luisito se puso bien quedándole un pequeño defecto en una pierna, pero gracias a un alma caritativa logró que ingresara en la institución de San Juan de Dios, y allí está bien atendido, se hará un hombre de provecho y se irá recuperando poco a poco.

Pero volvamos con Juan, que con tanto sacrificio y lucha, un buen día no pudo ir al trabajo. Los primeros ocho días por su buena conducta y cumplidor en su trabajo se los pagaron, pero su dolencia era para largo, había contraído la terrible enfermedad de la tuberculosis, demasiadas privaciones en la alimentación para que nada faltara a su esposa en su convalecencia.

Los vecinos y amigos les echaron una mano como así la familia, que aunque pobres sabían ejercitar la caridad, pero la enfermedad iba para largo, y cuando más desesperado estaba Juan, Dios que nunca desampara a los que a Él acuden con el corazón, fue el que hizo el milagro, pues así se le puede llamar.

Carmen solía sin que su marido lo supiera, guardar unos ahorrillos, tenía una cartilla de cuando soltera de la Caja de Ahorros, eran pocos sus ahorros, pues al casarse y tener hijos se acabó, pero nunca quiso tocar ese poco dinero que ni a su marido le confió ese secreto.

Parece que el corazón le decía que algún día lo podría necesitar, y un poco por olvido y otro por no haber hecho ningún ingreso en muchos años casi se olvidó de que existía dicha cartilla, y aquí se ve la mano de Dios para los que en Él confían.

Un buen día recibe una carta para que se pase por la Caja de Ahorros local, casi se asustó, pues más bien creía que sería algún débito, pues con la enfermedad de su marido tuvo que recurrir a vender algunas cosillas aportadas a su matrimonio, como así empeñar algunos objetos y pedir dinero a cierta clase de usureros que lo prestan con mucho gusto y con muchos intereses, pues generalmente cobran lo que les parece, pero no tuvo más remedio con la esperanza de que su marido se pusiera pronto bueno, para ir pagando esas pequeñas pero grandes cosas para la pobre Carmen.

Por eso cuando recibió el aviso de la caja de ahorros que se presentara, así lo hizo un poco asustada, pero al preguntar el motivo y presentar la carta de aviso, le notifican que había ganado en un sorteo que suelen hacer todos los años, la cantidad era de un millón de pesetas, que por antigüedad le correspondía.

Casi no lo podía creer, pues de un tiempo a esta parte todo le salía mal, por eso cuando llegó a su casa y comunicárselo a su marido, los dos lloraban de alegría, pues veían en todo ello la mano de Dios.

Nuestro buen Juan, quizás por la alegría o porque con ese dinero se pudo cuidar más, se puso bien del todo, y la vida cambió para toda la familia. Con esta pequeña cantidad y después de hacer frente a todas las deudas y quedarse ya sin nada, pero con la salud ya recuperada de ambos, pero con la pena y el dolor de la pérdida de su pequeño Juanín, que era la alegría de la casa, pero poco a poco, se fue mitigando esa pena y volviendo a la normalidad.

Carmen, no olvidando el milagro que gracias a la Caja de Ahorros pudo encontrar de nuevo la tranquilidad y no quiso ser ingrata, y todos los meses solía llevar una pequeña cantidad para que en la caja vieran que era agradecida, y así se lo contaba a sus hijos, para que ellos también el día de mañana, fueran fomentando el ahorro, pues es la base de la prosperidad, o por lo menos una ayuda para un caso determinado, como así le ocurrió a nuestra buena Carmen que supo ser agradecida, dándole la felicidad y la alegría, cuando en su vida solo había tenido penas, huérfana de nacimiento por una fatal desgracia, y siguió su vida mirando hacia delante, solo ansiaba encontrar la felicidad al lado de un hombre honrado, y la encontró en Juan, hombre bueno y cariñoso, y sin familia que Dios le puso en su camino.

Es un poco triste este relato, pero haya tantos casos en la vida real, como este que acabo de describir, que ello te empuja a mirara siempre adelante.

Hay que buscar el momento sin desfallecer, pues la felicidad existe, es cuestión de suerte él encontrarla, y Juan Carmen, la encontraron después de muchos avatares, y para ellos, el estar unidos, esa fue su felicidad.


Teresita Vázquez

Copyright © Todos los derechos reservados.

Publicado el: 29-09-2002
Última modificación: 00-00-0000


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EL AHORRO (relato)

Este es un pequeño relato que podría muy bien ser realidad, pues la vida es dura. Y en él se puede comprobar cómo la desgracia se puede cebar en una familia, como ha ocurrido en este caso que les cuento, que parece sacado de la realidad.


Juan y Carmen era un matrimonio con cuatro hijos, normal y corriente como hay muchos, con sus problemas, sus inquietudes y sus luchas con la vida, pues nuestro padre Adán nos dejó esta herencia.

Juan, hombre normal, trabajador, buen esposo y mejor padre, que sólo deseaba lo mejor para los suyos, pero la vida nos tiene reservadas muchas sorpresas y al pobre Juan le jugó una mala pasada. Carmen que era una esposa modelo, cayó enferma, teniendo Juan que hacer de padre y madre, pues los niños eran aún muy pequeños para ayudar en nada, asistían a sus respectivos colegios, un poco distantes, por ello una nueva desgracia vino a aumentar las ya acumuladas, pues los dos más pequeños cogiditos de la mano iban por la acera tal como mamá así se lo decía, pues por su enfermedad no podía acompañarlos como era su costumbre, y un buen día Juanín, el más pequeño, cuatro añitos, resbaló y cayó fuera de la acera, su hermanito Luis, un añito mayor, quiso ayudarlo no viendo que venía un coche que tenía su parada, pues era del servicio público, porque no vio al niño o porque no pudo evitar la catástrofe, mató al pequeño e hirió gravemente a Luisito.

Nada dijeron a la madre para no agravar su enfermedad que poco a poco se iba reponiendo, quizás a costa de la salud del pobre Juan, que dormía poco, y tenía que trabajar mucho para que los niños no echaran en falta a su madre.

Con el sueldo de Juan, un poco escaso para tantas bocas y hacer frente a la enfermedad de su esposa, pero con la ayuda de Dios iban saliendo adelante. Carmen se puso bien de su enfermedad y como buena católica tomó con resignación la fatal desgracia, pero como dice el refrán, las desgracias nunca vienen solas, y así fue cómo la desgracia se cebó en esta familia buena y ejemplar.

Luisito se puso bien quedándole un pequeño defecto en una pierna, pero gracias a un alma caritativa logró que ingresara en la institución de San Juan de Dios, y allí está bien atendido, se hará un hombre de provecho y se irá recuperando poco a poco.

Pero volvamos con Juan, que con tanto sacrificio y lucha, un buen día no pudo ir al trabajo. Los primeros ocho días por su buena conducta y cumplidor en su trabajo se los pagaron, pero su dolencia era para largo, había contraído la terrible enfermedad de la tuberculosis, demasiadas privaciones en la alimentación para que nada faltara a su esposa en su convalecencia.

Los vecinos y amigos les echaron una mano como así la familia, que aunque pobres sabían ejercitar la caridad, pero la enfermedad iba para largo, y cuando más desesperado estaba Juan, Dios que nunca desampara a los que a Él acuden con el corazón, fue el que hizo el milagro, pues así se le puede llamar.

Carmen solía sin que su marido lo supiera, guardar unos ahorrillos, tenía una cartilla de cuando soltera de la Caja de Ahorros, eran pocos sus ahorros, pues al casarse y tener hijos se acabó, pero nunca quiso tocar ese poco dinero que ni a su marido le confió ese secreto.

Parece que el corazón le decía que algún día lo podría necesitar, y un poco por olvido y otro por no haber hecho ningún ingreso en muchos años casi se olvidó de que existía dicha cartilla, y aquí se ve la mano de Dios para los que en Él confían.

Un buen día recibe una carta para que se pase por la Caja de Ahorros local, casi se asustó, pues más bien creía que sería algún débito, pues con la enfermedad de su marido tuvo que recurrir a vender algunas cosillas aportadas a su matrimonio, como así empeñar algunos objetos y pedir dinero a cierta clase de usureros que lo prestan con mucho gusto y con muchos intereses, pues generalmente cobran lo que les parece, pero no tuvo más remedio con la esperanza de que su marido se pusiera pronto bueno, para ir pagando esas pequeñas pero grandes cosas para la pobre Carmen.

Por eso cuando recibió el aviso de la caja de ahorros que se presentara, así lo hizo un poco asustada, pero al preguntar el motivo y presentar la carta de aviso, le notifican que había ganado en un sorteo que suelen hacer todos los años, la cantidad era de un millón de pesetas, que por antigüedad le correspondía.

Casi no lo podía creer, pues de un tiempo a esta parte todo le salía mal, por eso cuando llegó a su casa y comunicárselo a su marido, los dos lloraban de alegría, pues veían en todo ello la mano de Dios.

Nuestro buen Juan, quizás por la alegría o porque con ese dinero se pudo cuidar más, se puso bien del todo, y la vida cambió para toda la familia. Con esta pequeña cantidad y después de hacer frente a todas las deudas y quedarse ya sin nada, pero con la salud ya recuperada de ambos, pero con la pena y el dolor de la pérdida de su pequeño Juanín, que era la alegría de la casa, pero poco a poco, se fue mitigando esa pena y volviendo a la normalidad.

Carmen, no olvidando el milagro que gracias a la Caja de Ahorros pudo encontrar de nuevo la tranquilidad y no quiso ser ingrata, y todos los meses solía llevar una pequeña cantidad para que en la caja vieran que era agradecida, y así se lo contaba a sus hijos, para que ellos también el día de mañana, fueran fomentando el ahorro, pues es la base de la prosperidad, o por lo menos una ayuda para un caso determinado, como así le ocurrió a nuestra buena Carmen que supo ser agradecida, dándole la felicidad y la alegría, cuando en su vida solo había tenido penas, huérfana de nacimiento por una fatal desgracia, y siguió su vida mirando hacia delante, solo ansiaba encontrar la felicidad al lado de un hombre honrado, y la encontró en Juan, hombre bueno y cariñoso, y sin familia que Dios le puso en su camino.

Es un poco triste este relato, pero haya tantos casos en la vida real, como este que acabo de describir, que ello te empuja a mirara siempre adelante.

Hay que buscar el momento sin desfallecer, pues la felicidad existe, es cuestión de suerte él encontrarla, y Juan Carmen, la encontraron después de muchos avatares, y para ellos, el estar unidos, esa fue su felicidad.


Teresita Vázquez

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Publicado el: 29-09-2002
Última modificación: 00-00-0000


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