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portal de la palabra virtual portal de la palabra virtualno descansarán nuestros versos portal de la palabra virtualbajo la inerte sábana del olvido portal de la palabra virtualanaMía

Gumersindo

Fuerte y recio era Gumersindo, se había hecho,recio y fuerte en la fuerte y recia labor de campo.
Antes que cantaran los gallos ya iba rumbo a la parcela,era ya como un vicio el despedir la luna para contemplar a diario los amaneceres .Con el viento fresco y con el día oliendo a nuevo se esforzaba por aflojar y voltear la tierra para meter en sus entrañas la semilla.No cambiaba por nada el espectáculo de ver brotar la milpa como recompensa a su trabajo .
Parecía como si todos los días fueran iguales,pero el sol,la lluvia,el viento,las estrellas,la luna,los pájaros y tantas otras cosas mas, se encargaban de que cada día fuera distinto.
Le agradaba su trabajo,además era lo único que sabía hacer, desde que su padre lo inició en la labor a los 13 años y desde entonces, no había faltado un solo día a su parcela.
Sabía leer un poco y un poco menos escribir,pero su palabra sencilla y lógica era fácil de entender
El sol le había dado a su piel el mismo color de la tierra y la tierra le había vuelto ásperas las manos y no sé porque razón le había hecho tierno el corazón,porque tierno era cuando miraba y abrazaba a María y aun mas tierno se veía cuando largamente miraba dormir a Nicolás y Mariana,sus dos pequeños hijos, acariciando sus frentes para tranquilizarles el sueño y espantarles las pesadillas.
En su poco entender se sentía pleno y satisfecho,amaba la tierra ,amaba a María,a Nicolás y Mariana y todos a él le querían,incluso sus perros y su caballo.Había techo para todos y nunca faltaba tortilla y frijol.
De repente, todo cambió,se escasearon las lluvias,la cosecha fue magra,llegaron maíz y frijol de otros lugares,de otros países ,los compradores bajaron los precios ,lo que sembraba había perdido su valor y dejó de sembrar porque era como tirar el esfuerzo y el sudor por nada
El dinero que tenía ahorrado se fue mas pronto de lo que habia tardado en juntarlo
Por las rendijas de sus casa, sin sentir, se fue metiendo el hambre y la desesperación.La angustia y el miedo se fueron haciendo grandes,tan grandes como la incertidumbre de no saber que hacer .
Fué en vano pedirle ayuda al gobierno,nadie le oía y a sus vecinos,amigos y familiares,¿como pedirles algo? si estaban como él...con el alma hecha nudo y el estómago vacío.
La tierra no estaba muerta, pero parecía como si lo estuviera ,sin el paisaje de milpas,hasta los pájaros se habían callado y el viento ya no era el mismo.
Muchos habían emigrado, algunos a la ciudad y otros a cruzar el Río Bravo,pues la vida en el campo ya no era vida,la vida se había ido por otros rumbos,como empujada por el viento.
Con las manos vacías y la esperanza aún mas,juntó su dolor, lo guardó lo mas profundo que pudo en el pecho y después de un beso a la tierra se fue a la ciudad.
Trabajó en mil cosas de las que nada sabía... El,que era dueño de su vida y sus sueños,ahora se ganaba el sustento pegando tabiques,levantando paredes para la casa de otros,porque el ni casa tenía,porque el lugar que ahora habitaba entre muros de cartón y techos de lámina en nada se parecía a lo que fue su hogar en el campo;vivía hacinado con otros que como el respiraban sin descanso la pobreza,la frustración y la amargura
Su alegría se escondió en el silencio,solo María sabe porqué.
Se le metió la tristeza y cuando estába solo,lloraba muy quedo,no por el trabajo,no por la paga,sino por la rabia e impotencia de no haber podido dejarles a Nicolás y Mariana ese sol y esa lluvia,esa luna y estrellas,ese nacer y morir del día,ese día a día entre pájaros,viento,gallinas y perros,esos días sacándole vida a la tierra,todos esos días que no se compran con nada,esos días que algun día él,heredó de su padre,esos días que Gumersindo no sabe a donde se fueron.
El saber que a otros campesinos como a él les pasó lo mismo,en nada le consuela y a veces quisiera hacer lo que muchos,que se fueron de mojados a ver si allá del otro lado encontraban la vida que habían perdido.
De vez en cuando regresaba a la parcela para nutrirse el ánimo,pero ya todo parecía tan distinto,la tierra seca y el aire tenían el olor del abandono ,todo estaba en silencio,los perros, flacos hasta los huesos y casi mudos , ni siquiera el sol le parecía el mismo,quemaba,es cierto pero no le hacía sudar como en otro tiempo.
Si siempre trabajó lo mas que pudo,si siempre fue honesto y nunca a nadie mal le hizo,no se explica porque razón se le fue la vida como por un precipicio y mucho menos se explica el porqué,toda esa gente que antes fue a pedirle su voto,los diputados,el presidente municipal,el gobernador y hasta el mismo presidente de la República que gritaban promesas a los cuatro vientos,ahora que el los necesitaba,ahora, ellos se habían quedado sordos y sin voz.
Ni siquiera servían los rezos y María,en vano gritaba,dime Dios en que te ofendí,en que te mentí,que mal te hice que yo no lo sé y en vano volteaba hacia el cielo y el cielo era solo silencio y azul.
Se le partía el alma de ver como sus hijos Mariana y Nicolás de 8 y 10 años habían dejado allá en el campo su juegos y sus risas y estaban ahora con la voz callada y el hambre gritando en sus ojos hundidos y en la palidez de su piel.
Preferían dormir,tal vez para buscar en los sueños las veredas hacia el río y las mariposas de flor en flor.Como adultos pequeños,se les miraba la angustia cuando insistentes le pedían a escondidas a María que les consiguiera trabajo para ayudar a su padre,porque no querían que de tanto trabajo y de tanta tristeza se les fuera a morir.
El tiempo se fue y la esperanza también.
Nicolás pasa los días pegando tabiques, levantando paredes,para las casas de quien sabe quien ,Mariana vive los días en casas de extraños barriendo los pisos,lavando cocinas,echando tortillas para quien sabe quien.
En los rostros enjutos y tristes de Gumersindo y María,donde abundan en el pelo las canas y las arrugas zurcan la piel,aún preguntan sus ojos... ¿porque?
Y en el cielo solo se escucha un silencio.... intenso y azul.




Gatica

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Publicado el: 29-09-2002
Última modificación: 00-00-0000


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Gumersindo

Fuerte y recio era Gumersindo, se había hecho,recio y fuerte en la fuerte y recia labor de campo.
Antes que cantaran los gallos ya iba rumbo a la parcela,era ya como un vicio el despedir la luna para contemplar a diario los amaneceres .Con el viento fresco y con el día oliendo a nuevo se esforzaba por aflojar y voltear la tierra para meter en sus entrañas la semilla.No cambiaba por nada el espectáculo de ver brotar la milpa como recompensa a su trabajo .
Parecía como si todos los días fueran iguales,pero el sol,la lluvia,el viento,las estrellas,la luna,los pájaros y tantas otras cosas mas, se encargaban de que cada día fuera distinto.
Le agradaba su trabajo,además era lo único que sabía hacer, desde que su padre lo inició en la labor a los 13 años y desde entonces, no había faltado un solo día a su parcela.
Sabía leer un poco y un poco menos escribir,pero su palabra sencilla y lógica era fácil de entender
El sol le había dado a su piel el mismo color de la tierra y la tierra le había vuelto ásperas las manos y no sé porque razón le había hecho tierno el corazón,porque tierno era cuando miraba y abrazaba a María y aun mas tierno se veía cuando largamente miraba dormir a Nicolás y Mariana,sus dos pequeños hijos, acariciando sus frentes para tranquilizarles el sueño y espantarles las pesadillas.
En su poco entender se sentía pleno y satisfecho,amaba la tierra ,amaba a María,a Nicolás y Mariana y todos a él le querían,incluso sus perros y su caballo.Había techo para todos y nunca faltaba tortilla y frijol.
De repente, todo cambió,se escasearon las lluvias,la cosecha fue magra,llegaron maíz y frijol de otros lugares,de otros países ,los compradores bajaron los precios ,lo que sembraba había perdido su valor y dejó de sembrar porque era como tirar el esfuerzo y el sudor por nada
El dinero que tenía ahorrado se fue mas pronto de lo que habia tardado en juntarlo
Por las rendijas de sus casa, sin sentir, se fue metiendo el hambre y la desesperación.La angustia y el miedo se fueron haciendo grandes,tan grandes como la incertidumbre de no saber que hacer .
Fué en vano pedirle ayuda al gobierno,nadie le oía y a sus vecinos,amigos y familiares,¿como pedirles algo? si estaban como él...con el alma hecha nudo y el estómago vacío.
La tierra no estaba muerta, pero parecía como si lo estuviera ,sin el paisaje de milpas,hasta los pájaros se habían callado y el viento ya no era el mismo.
Muchos habían emigrado, algunos a la ciudad y otros a cruzar el Río Bravo,pues la vida en el campo ya no era vida,la vida se había ido por otros rumbos,como empujada por el viento.
Con las manos vacías y la esperanza aún mas,juntó su dolor, lo guardó lo mas profundo que pudo en el pecho y después de un beso a la tierra se fue a la ciudad.
Trabajó en mil cosas de las que nada sabía... El,que era dueño de su vida y sus sueños,ahora se ganaba el sustento pegando tabiques,levantando paredes para la casa de otros,porque el ni casa tenía,porque el lugar que ahora habitaba entre muros de cartón y techos de lámina en nada se parecía a lo que fue su hogar en el campo;vivía hacinado con otros que como el respiraban sin descanso la pobreza,la frustración y la amargura
Su alegría se escondió en el silencio,solo María sabe porqué.
Se le metió la tristeza y cuando estába solo,lloraba muy quedo,no por el trabajo,no por la paga,sino por la rabia e impotencia de no haber podido dejarles a Nicolás y Mariana ese sol y esa lluvia,esa luna y estrellas,ese nacer y morir del día,ese día a día entre pájaros,viento,gallinas y perros,esos días sacándole vida a la tierra,todos esos días que no se compran con nada,esos días que algun día él,heredó de su padre,esos días que Gumersindo no sabe a donde se fueron.
El saber que a otros campesinos como a él les pasó lo mismo,en nada le consuela y a veces quisiera hacer lo que muchos,que se fueron de mojados a ver si allá del otro lado encontraban la vida que habían perdido.
De vez en cuando regresaba a la parcela para nutrirse el ánimo,pero ya todo parecía tan distinto,la tierra seca y el aire tenían el olor del abandono ,todo estaba en silencio,los perros, flacos hasta los huesos y casi mudos , ni siquiera el sol le parecía el mismo,quemaba,es cierto pero no le hacía sudar como en otro tiempo.
Si siempre trabajó lo mas que pudo,si siempre fue honesto y nunca a nadie mal le hizo,no se explica porque razón se le fue la vida como por un precipicio y mucho menos se explica el porqué,toda esa gente que antes fue a pedirle su voto,los diputados,el presidente municipal,el gobernador y hasta el mismo presidente de la República que gritaban promesas a los cuatro vientos,ahora que el los necesitaba,ahora, ellos se habían quedado sordos y sin voz.
Ni siquiera servían los rezos y María,en vano gritaba,dime Dios en que te ofendí,en que te mentí,que mal te hice que yo no lo sé y en vano volteaba hacia el cielo y el cielo era solo silencio y azul.
Se le partía el alma de ver como sus hijos Mariana y Nicolás de 8 y 10 años habían dejado allá en el campo su juegos y sus risas y estaban ahora con la voz callada y el hambre gritando en sus ojos hundidos y en la palidez de su piel.
Preferían dormir,tal vez para buscar en los sueños las veredas hacia el río y las mariposas de flor en flor.Como adultos pequeños,se les miraba la angustia cuando insistentes le pedían a escondidas a María que les consiguiera trabajo para ayudar a su padre,porque no querían que de tanto trabajo y de tanta tristeza se les fuera a morir.
El tiempo se fue y la esperanza también.
Nicolás pasa los días pegando tabiques, levantando paredes,para las casas de quien sabe quien ,Mariana vive los días en casas de extraños barriendo los pisos,lavando cocinas,echando tortillas para quien sabe quien.
En los rostros enjutos y tristes de Gumersindo y María,donde abundan en el pelo las canas y las arrugas zurcan la piel,aún preguntan sus ojos... ¿porque?
Y en el cielo solo se escucha un silencio.... intenso y azul.




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Publicado el: 29-09-2002
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