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Los Disfraces de la Vida (Crítica a la Sociedad)


Cuando nací me regalaron un traje, un traje de piel fina, delicada y sonrosada. la matrona le pidió a mi madre mi primer disfraz. Me vistieron de rosa para distinguirme de los varones y supongo para no equivocarse en mi educación. Aquel color era un adelanto de todos los obstáculos y límites que me esperaban. Me dieron una muñeca para jugar a ser mujer, madre, ama de casa y no se preocuparon por preguntarme si prefería jugar a subirme a los árboles. Durante años me cambiaron el disfraz para ciertas ocasiones. Me vistieron de flamenca para demostrar mi gracia y mis raíces. de Domingo de Ramos para cumplir tradiciones, de blanco organdí para comulgar con mi religión, de uniforme azul marino para demostrar que mi colegio era privado.
Los disfraces continuaban en mi vida. ¡Años sesenta! ¡Años de vírgenes ignorantes!. Me cubrieron de tules blancos y azahares para mostrar al mundo mi virginidad. Me hicieron jurar lealtad, fidelidad y obediencia y al salir lancé con alegría mi ramo de pureza, sin que nadie me avisara que acababa de lanzar mi libertad, mi amor propio y mi dignidad.
Al salir de la ducha y secarme delante del espejo, me vi tal y como yo era. llevaba puesto mi traje de piel, exclusivo, sin marca pero si hecho por un diseñador divino. Un impulso de burlarme de la sociedad que me había tocado vivir me hicieron poner en marcha un plan.
Me vestí de ejecutiva, de trepa y me dejaron entrar en los despachos.
Me disfracé de prostituta y me hicieron ofertas.
Me vestí de monja y me pude colar hasta en el infierno.
Me adorne de abalorios de cuero y metal y me vestí de hipy y me marginaron.
Salí por la ciudad disfrazada de anciana unos me ayudaron a cruzar la calle y otros me arrancaron el bolso tirándome al suelo.
Me vestí de jubilada y me aparcaron.
me vestí de fiesta y me colé en bodas y en eventos de moda.
Cubrí mi cuerpo con ropa de pordiosera y me encerraron en un asilo municipal.
Decidí cubrir mi cuerpo con ropa de turista y me engañaron.
Volví a mi casa y me desnudé. Con mi traje de piel cansada y sin etiquetas me acosté y vestí mi alma de sueños inalcanzables.
Mercedes Alexandre
borocolar@hotmail.com


Mercedes A. Alexandre

Copyright © Todos los derechos reservados.

Publicado el: 29-06-2003
Última modificación: 00-00-0000


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Los Disfraces de la Vida (Crítica a la Sociedad)


Cuando nací me regalaron un traje, un traje de piel fina, delicada y sonrosada. la matrona le pidió a mi madre mi primer disfraz. Me vistieron de rosa para distinguirme de los varones y supongo para no equivocarse en mi educación. Aquel color era un adelanto de todos los obstáculos y límites que me esperaban. Me dieron una muñeca para jugar a ser mujer, madre, ama de casa y no se preocuparon por preguntarme si prefería jugar a subirme a los árboles. Durante años me cambiaron el disfraz para ciertas ocasiones. Me vistieron de flamenca para demostrar mi gracia y mis raíces. de Domingo de Ramos para cumplir tradiciones, de blanco organdí para comulgar con mi religión, de uniforme azul marino para demostrar que mi colegio era privado.
Los disfraces continuaban en mi vida. ¡Años sesenta! ¡Años de vírgenes ignorantes!. Me cubrieron de tules blancos y azahares para mostrar al mundo mi virginidad. Me hicieron jurar lealtad, fidelidad y obediencia y al salir lancé con alegría mi ramo de pureza, sin que nadie me avisara que acababa de lanzar mi libertad, mi amor propio y mi dignidad.
Al salir de la ducha y secarme delante del espejo, me vi tal y como yo era. llevaba puesto mi traje de piel, exclusivo, sin marca pero si hecho por un diseñador divino. Un impulso de burlarme de la sociedad que me había tocado vivir me hicieron poner en marcha un plan.
Me vestí de ejecutiva, de trepa y me dejaron entrar en los despachos.
Me disfracé de prostituta y me hicieron ofertas.
Me vestí de monja y me pude colar hasta en el infierno.
Me adorne de abalorios de cuero y metal y me vestí de hipy y me marginaron.
Salí por la ciudad disfrazada de anciana unos me ayudaron a cruzar la calle y otros me arrancaron el bolso tirándome al suelo.
Me vestí de jubilada y me aparcaron.
me vestí de fiesta y me colé en bodas y en eventos de moda.
Cubrí mi cuerpo con ropa de pordiosera y me encerraron en un asilo municipal.
Decidí cubrir mi cuerpo con ropa de turista y me engañaron.
Volví a mi casa y me desnudé. Con mi traje de piel cansada y sin etiquetas me acosté y vestí mi alma de sueños inalcanzables.
Mercedes Alexandre
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