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Monólogo de Humor "NAVIDAD DULCE NAVIDAD

¿Qué ocurre por estas fechas navideñas? Después de pensarlo mucho he llegado a la conclusión de que una de las principales cosas que ocurren es que mandamos a hacer puñetas a todas las dietas y también a nuestras tarjetas de crédito, nuestros cuerpos engordan y nuestra cartera se queda anoréxica. Nuestras casas se convierten en una especie de la “casita de chocolate de Hensel y Gretel”, guirnaldas por todos lados, lucecitas intermitentes hasta en el felpudo, el nacimiento se nos come la mitad del salón y el arbolito la otra mitad, por lo tanto vivimos unos días muy comprimidos todos, entre la decoración, los parientes y las amistades que vienen a felicitarte y a comer de gorra te pasas casi un mes que no puedes moverte con libertad porqué puedes mandar al pobre de San José, a los pastores y a algún rey con camello incluido a hacer puñetas también.
En estas fiestas sufrimos una metamorfosis aguda. No se porqué razón nos da por ponerlo todo nevado, los cristales los llenamos de pegatinas y los pringamos con un spray efecto nieve que no hay forma después de limpiarlos, ¡y yo me digo! Pero si en Belén no nieva nunca, que manía tenemos con poner nieve por todos lados. No paramos de repetir que el niño Jesús está helado, que tiene frío y hambre ¡y yo me digo! Pero si San José era empresario, era autónomo, tenía su propio taller de carpintero, ¡Y hay que ver lo que ganan los carpinteros por cualquier cosita que te hacen!. ¡No nos olvidemos de los efectos sonoros! Entres donde entres esta el chin-pun de los campanilleros! ¡Oigan y como beben esos peces en el río! Y ¡Cómo bebe ese primo que viene a verte!, Se te abraza a la botella de Anís del Mono y termina haciendo el mono subido al arbolito de Navidad. Los niños corretean por la casa poniéndote la moqueta llena de polvorones pisoteados porqué siglo tras siglo se tiene que hacer la bromita de llenarse la boca con un polvorón e intentar decir Pamplona. Todo se llena de algo, de lo que sea, el suelo de aserrín del nacimiento y de pinchitos secos del abeto, el buzón de propaganda y felicitaciones que tienes que contestar sin tan siquiera recordar quienes son. Las tarjetas pidiéndote aguinaldo te llueven, el del butano (pero si yo no uso butano), el fontanero (pero si nunca llegó a venir), el barrendero (pero si la calle está asquerosa), el guarda coches de turno (pero si yo no tengo coche)... en fin, que aparecen como moscas, a veces hasta te pide el aguinaldo hasta el chorizo de la zona. Los niños españoles, que tiene en los genes la picaresca ibérica, se han agarrado a todas las tradiciones venidas del extranjero y hay doble día de regalos, porqué resulta que ahora también viene un tal Papá Noel; que por cierto no está en nómina y anda por ahí haciendo competencia desleal y que trae alguna cosilla que otra, como para ir haciendo boca y poder aguantar hasta la llegada de los Reyes Magos y los adultos nos pasamos el día veinticuatro haciendo: ¡Jo, jo, jo, jo, jo y dando golpes en la puerta porqué no tenemos chimenea.
Si hablamos del menú pues ¡Todos a comer pavo por narices! (Oiga si a mi se me apetece más un potaje de berros) ¡A comer pavo y besugo! Porqué como te quejes te tachan de que no tienes espíritu navideño.
Para rematar la faena (nunca mejor dicho) nos preparamos para despedir el año, más bien te parten la economía. Te tienes que comprar un traje pijo, pijo, con algo brillante que te cuesta un riñón, los zapatos de súper vestir y lo más triste es que sabes perfectamente que no vas a tener muchas oportunidades de volvértelo a poner, el pariento se pone de mal humor porque la chaqueta no se la puede abrochar ya que la dieta del pomelo nunca la llevó a buen fin y los gemelos de la camisa no aparecen por ningún lado (se han ido de marcha con la pajarita). El menú de la cena de fin de año te cuesta más o menos como la entrada de un piso de protección oficial y cuando ves el plato llamado “medallón de pechuga de ave afrodisíaca de las islas de Pascua con salsa de setas ahumadas con leña de los bosques franceses, lo primero que piensas es que se ha ido de vientre alguna paloma con chorrillo de las que vuelan por la plaza de España.
En fin, menos mal que en la cuesta de enero volvemos a la normalidad, a las dietas y a intentar cumplir los viejos buenos propósitos que siempre hacemos al entrar un nuevo año.
Y ahora, bajándome del tren del humor, quiero que sepan que a pesar de haber parodiado las navidades me encantan estas fechas y las vivo intensamente junto a los míos y deseo que todos los lectores de mis monólogos de humor sean muy, muy felices y pasen unas fiestas inolvidables y que en el año nuevo se nos cumplan todos nuestros sueños y proyectos. Y les dejo porqué me tengo que ir a poner el arbolito, el nacimiento y a pringar todos los cristales de la casa.
Feliz Navidad y Paz para todos les deseo de corazón.
Mercedes A. Alexandre






Mercedes A. Alexandre

Copyright © Todos los derechos reservados.

Publicado el: 09-12-2003
Última modificación: 00-00-0000


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¿Qué ocurre por estas fechas navideñas? Después de pensarlo mucho he llegado a la conclusión de que una de las principales cosas que ocurren es que mandamos a hacer puñetas a todas las dietas y también a nuestras tarjetas de crédito, nuestros cuerpos engordan y nuestra cartera se queda anoréxica. Nuestras casas se convierten en una especie de la “casita de chocolate de Hensel y Gretel”, guirnaldas por todos lados, lucecitas intermitentes hasta en el felpudo, el nacimiento se nos come la mitad del salón y el arbolito la otra mitad, por lo tanto vivimos unos días muy comprimidos todos, entre la decoración, los parientes y las amistades que vienen a felicitarte y a comer de gorra te pasas casi un mes que no puedes moverte con libertad porqué puedes mandar al pobre de San José, a los pastores y a algún rey con camello incluido a hacer puñetas también.
En estas fiestas sufrimos una metamorfosis aguda. No se porqué razón nos da por ponerlo todo nevado, los cristales los llenamos de pegatinas y los pringamos con un spray efecto nieve que no hay forma después de limpiarlos, ¡y yo me digo! Pero si en Belén no nieva nunca, que manía tenemos con poner nieve por todos lados. No paramos de repetir que el niño Jesús está helado, que tiene frío y hambre ¡y yo me digo! Pero si San José era empresario, era autónomo, tenía su propio taller de carpintero, ¡Y hay que ver lo que ganan los carpinteros por cualquier cosita que te hacen!. ¡No nos olvidemos de los efectos sonoros! Entres donde entres esta el chin-pun de los campanilleros! ¡Oigan y como beben esos peces en el río! Y ¡Cómo bebe ese primo que viene a verte!, Se te abraza a la botella de Anís del Mono y termina haciendo el mono subido al arbolito de Navidad. Los niños corretean por la casa poniéndote la moqueta llena de polvorones pisoteados porqué siglo tras siglo se tiene que hacer la bromita de llenarse la boca con un polvorón e intentar decir Pamplona. Todo se llena de algo, de lo que sea, el suelo de aserrín del nacimiento y de pinchitos secos del abeto, el buzón de propaganda y felicitaciones que tienes que contestar sin tan siquiera recordar quienes son. Las tarjetas pidiéndote aguinaldo te llueven, el del butano (pero si yo no uso butano), el fontanero (pero si nunca llegó a venir), el barrendero (pero si la calle está asquerosa), el guarda coches de turno (pero si yo no tengo coche)... en fin, que aparecen como moscas, a veces hasta te pide el aguinaldo hasta el chorizo de la zona. Los niños españoles, que tiene en los genes la picaresca ibérica, se han agarrado a todas las tradiciones venidas del extranjero y hay doble día de regalos, porqué resulta que ahora también viene un tal Papá Noel; que por cierto no está en nómina y anda por ahí haciendo competencia desleal y que trae alguna cosilla que otra, como para ir haciendo boca y poder aguantar hasta la llegada de los Reyes Magos y los adultos nos pasamos el día veinticuatro haciendo: ¡Jo, jo, jo, jo, jo y dando golpes en la puerta porqué no tenemos chimenea.
Si hablamos del menú pues ¡Todos a comer pavo por narices! (Oiga si a mi se me apetece más un potaje de berros) ¡A comer pavo y besugo! Porqué como te quejes te tachan de que no tienes espíritu navideño.
Para rematar la faena (nunca mejor dicho) nos preparamos para despedir el año, más bien te parten la economía. Te tienes que comprar un traje pijo, pijo, con algo brillante que te cuesta un riñón, los zapatos de súper vestir y lo más triste es que sabes perfectamente que no vas a tener muchas oportunidades de volvértelo a poner, el pariento se pone de mal humor porque la chaqueta no se la puede abrochar ya que la dieta del pomelo nunca la llevó a buen fin y los gemelos de la camisa no aparecen por ningún lado (se han ido de marcha con la pajarita). El menú de la cena de fin de año te cuesta más o menos como la entrada de un piso de protección oficial y cuando ves el plato llamado “medallón de pechuga de ave afrodisíaca de las islas de Pascua con salsa de setas ahumadas con leña de los bosques franceses, lo primero que piensas es que se ha ido de vientre alguna paloma con chorrillo de las que vuelan por la plaza de España.
En fin, menos mal que en la cuesta de enero volvemos a la normalidad, a las dietas y a intentar cumplir los viejos buenos propósitos que siempre hacemos al entrar un nuevo año.
Y ahora, bajándome del tren del humor, quiero que sepan que a pesar de haber parodiado las navidades me encantan estas fechas y las vivo intensamente junto a los míos y deseo que todos los lectores de mis monólogos de humor sean muy, muy felices y pasen unas fiestas inolvidables y que en el año nuevo se nos cumplan todos nuestros sueños y proyectos. Y les dejo porqué me tengo que ir a poner el arbolito, el nacimiento y a pringar todos los cristales de la casa.
Feliz Navidad y Paz para todos les deseo de corazón.
Mercedes A. Alexandre






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Publicado el: 09-12-2003
Última modificación: 00-00-0000


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