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PRIMER MOVIMIENTO DE LA QUINTA SINFONIA DE BEETHOVEN

SUGERENCIA DEL CHEF: Escuchen la pieza. Luego lean el poema. Después, vuelvan a escuchar la pieza.

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Potente e inesperado, como un trueno en las sombras,
un dolor me galopa la sangre y me abre el pecho;
me rodea inclemente, se relame en mis sobras,
me golpea sin piedad, quiere verme deshecho.
Yo vivía tranquilo hasta hace poco tiempo
pero la adversidad vino a golpear mi puerta,
y no quiero sentir esta presión que siento,
preciso mantener mi esperanza despierta.
Mas la garra violenta del destino me asecha,
me asedia como un tigre oculto en la espesura,
un muro de pesares se levanta y me encierra,
un océano de lágrimas me hunde en la amargura.
Me tropiezo en la huida, pega mi rostro en tierra,
y veo sangrar mis manos víctimas de este embate,
mi cuerpo, ya sin fuerza, se derrumba entre piedras
y mi mente a un recuerdo de amor va a refugiarse.
Solitaria melodía va hacia mí cadenciosa
retrayéndome al tiempo aun cercano de aquella
amada que motivó sonata luminosa,
sonata de noche plácida, hecha en luna y estrellas.
Pero es corta mi dicha como ese amor pasado
y de nuevo golpea la realidad presente,
recuerda que está aquí el dolor inesperado
para herir mi pasión de una vez y para siempre.
Voy de nuevo a refugiarme en lo dulce en mi vida,
los días de juventud con los maestros primeros,
y evoco aquellos años de clásicas melodías
cuando no sabía aun darle libertad a mi vuelo.
Pero implacable, enferma de ansiedad destructora,
como un tifón, la angustia me zumba en los oídos,
se mofa de mi suerte y me la muestra próxima,
robándome la vida al robarme el sonido.
No me rindo, no puedo permitirme ese lujo;
mi genio luchará, no caeré vencido,
el valor me levanta cuando su arenga escucho:
“Las orejas de tu alma reemplazarán tu oído”.
Larga es esta guerra frente a lo inevitable,
me socava la pena del sentido que pierdo,
pero enfrento al destino, sé que puedo trocarle,
puedo abrir mis ventanas, apagar este infierno.
La música no será una vieja compañera,
no habrá ausencia que logre separarme de ella;
ya se metió en mi alma y cabalga soberbia
para cambiar la historia musical de la Tierra.
De nuevo el valor con su arenga me anima:
“Las orejas de tu alma reemplazarán tu oído”.
Y me muestra el futuro, el final de mi vida,
donde cantará un coro a un hombre que ha vencido.


Daniel Adrián Madeiro

Copyright © Todos los derechos reservados.

Publicado el: 16-11-2002
Última modificación: 00-00-0000


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