¡Quién lo hubiera pensado, en verdad!
Después de algunos años de abandono,
maltratado por el tiempo sin piedad,
hoy se me admira y quizás, soy famoso.
Alguien, con mucha imaginación, ciertamente,
consideró que en el arte soy una gran obra,
pese a mi oxidado aspecto, casi agonizante;
ahora mi casa es un museo de viejas cosas.
Soy un viejo ventanal, hecho de puro fierro,
y tras ser olvidado en una de tantas azoteas,
hoy me presentan como muestra de arte moderno,
aunque esto a algunos no les parezca.
Los que saben, dicen que luzco extraordinario,
que mientras más me desgaste, será mejor.
Yo sigo a la intemperie, esto es necesario,
soy famoso, oxidado y sin ser un gran señor.
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