Por la calle estridente, donde los suspiros son aire
en el coto de la mente, donde cada quien va con su quimera,
es preciso defender la alegría como una trinchera,
en tiempo de langostas, con tu puedo y con mi quiero.
No te quedes inmóvil: besa el aura para ver a qué sabe;
corta un trébol de cuatro hojas para que la canción resuene siempre.
Con tu puedo y con mi quiero, por la calle estridente,
volverán las oscuras golondrinas, con sus despistes y franquezas.
Ellas cerraron sus ojos... Es tiempo de langostas,
pero regresarán aquí, buscando el soneto de rigor,
por las cosas de la casa, porque se les espera
para convertir el aire en suspiros, por la calle estridente.
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