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Las tardes solariegas - Soneto II

El dios Eolo engalanó la tarde
cuando apareciste en el estrado enhiesta,
como una reina para empezar la fiesta
de mi solitario corazón... cobarde.

Eran del carnaval los toques
de sus fanfarrias llenas de alegría
y de mi alma la melancolía
de saberte entre la multitud, ajena.

Ajena de mi vida, de mi alma ajena,
pero con un hálito de amor en tu mirada
y como el hada de la historia buena

vestiste mi pasión con tu alegría
y desde entonces con pasión te amé
y te seguiré amando... toda mi vida.


Julio Serrano Castillejos

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Publicado el: 19-12-2003
Última modificación: 29-11-2005


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