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LUNA DE LA CONSUMACIÓN

LUNA DE LA CONSUMACIÓN

Al fin y al cabo son los recuerdos los que urgen sus deseos.
Roque Dalton García

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Despiertan mis sentidos en el alfabeto dicho.
Después uno observa la tierra del éxtasis,
Los hilos que unieron el estruendo, las caídas
De la noche. El ojo profundo e inefable de la luz.
Uno descubre virtudes y defectos y olvida;
Uno sabe que hay acantilados y ahogos:
La alegría se evapora y se va haciendo granito.
La risa se hiela y se enreda en las cuestas de la noche.
Todo es culpa de los años. Su filo se oye y siente.
Todo el verdor se pierde en los ojos del arcano:
Manantiales como tardes desérticas,
Ritmos consumidos junto a la pared de la noche,
Voces sin mesas en las migajas del piso,
Hojas sin ramas en el hueco del vacío,
Peces sin escamas sangrando desnudos,
Vitrales enmohecidos por pinzas de cangrejos,
Entrañas como platos rotos por la indiferencia,
Venas domésticas con asas de Apocalipsis,
Tenedores oxidados en la pared como calendarios,
Velas insomnes cortando la respiración,
Leche agria sobre pedazos de jabón,
Espejos muertos. Exuberantes de hormigas,
Maleza en la jaula del pecho, flotando,
Cartas como juguetes desvencijados, llorando,
Entre convulsos pechos noctámbulos.
Luna consumada en vasos de hipotermia.
Luna de yeso. De mármol, a veces.
Luna en el frío caudal de las plazas.
Desnuda y con cavidades de hielo.
Cuando nos miramos duele lo que se ha vivido:
Los límites vistos. El barco de relámpagos
Ido, el beso a ciegas, casi funeral,
La juventud fundada en la luz,
La suma de vahos al borde de la piel,
El sueño impuro del aliento con ojos rojos,
El brillo de los sueños cuerpo con cuerpo,
Latiendo en la abertura viva del pecho.
Luna perpetua, sin embargo. Luna del ajetreo.
Luna que ayer “palpitaba en la yema
De un íntimo vilano,
La encarnación graciosa del aliento
Transfigurándose hasta el borde mismo
Del dolor delicioso.
Y en el aire el candor de la lechuza
Repetía las suertes
Rigurosas del alma,
Más allá de la piel que se solaza
Con la inmortalidad que se le niega
Y sin embargo es su mayor conquista”.
Luna de mis cenizas. Luna consumada.
Luna reclinada sobre los neumáticos de mi memoria,
Sobre los líquidos salados de la grasa.
Luna donde los duendes dibujaron círculos rojos
Y bebieron sudor en canastos de ansia.
Luna en mi alma. Sotana de mi existencia.
Luna hundida en un sudario de alfileres
Y sin poder oírte mejor...
Isla Santa María, 7 de abril de 2004


André Cruchaga

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Publicado el: 08-04-2004
Última modificación: 00-00-0000


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