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POR LA ALEGRÍA COMPARTIDA

POR LA ALEGRÍA COMPARTIDA

“El mar y el cielo en lo alto separados
poco a poco se acercan, se confunden,”
Manuel Magallanes

Por toda la alegría compartida
Con mi pasmo silencioso de pupilas,
Por esa dulzura propia del deseo,
Por los chupamieles que nos atan
Como una sortija en el alma,
Te devuelvo el lecho poseso de mis venas,
Y el verde absoluto de los años.
Volvamos, si quieres, a los cuentos,
A la sábana limpia de los caracoles,
Al papel de las orquídeas,
Al rocío silvestre de los labios.
Dejemos por completo la ciudad
Para perdernos en los arroyos;
Hundir las manos en los nidos
Y que vuelen los panales en los párpados.
Canta el tiempo perdido
Hasta que las campanas se gasten
En los ojos y los pájaros sientan
La brisa agitada de la luz.
Nada detenga, ahora, traspasar
Con la sonrisa las gotas de rocío.
Es tiempo de salir ilesos de la batalla,
Y gozar las colinas frente al crepúsculo.
Todos tus lugares son de sueño:
Álbum donde los labios tiemblan
Porque el reflejo del vértice nos inventa,
Y nos hace hilar alcobas en la piel.
Ahora ya no es tiempo de ausencias,
Ni de esconder los sueños en la almohada;
Ahora es tiempo de despertar desnudos
En el mismo lecho convocando la aurora;
Ahora es necesaria la ternura de la saliva
Y el aliento como una enredadera
En el cuerpo. Ahora son tus curvas
Blancas de río, el lugar para el juego
Y el lugar para quedarme en superficie.
Nada sea como el paraíso del pubis
Y su horizonte de resuellos profundos;
Nada sea la soledad y el silencio;
Todo, en cambio, la fuerza reverberante
De la sangre y el galope compartido;
Nada sea el miedo al mundo y las guerras,
Nada la ceniza y las axilas rotas;
Si la invasión del beso, la caricia,
Si la luz que hienda las pupilas,
Si el mar anclado sobre la piel,
Si el agua goteando con campanas
En los límites del alma.
Ya no hay más sombras. Sólo nuestras sombras.
Y el júbilo de la hierba recién mojada.
Escuchemos nuestras edades meridianas:
Si seguimos esperando que amanezca,
El mediodía salpicará las sienes
Y otra vez el desvelo cubrirá nuestras pisadas.
Las negaciones dejémoselas a la dialéctica;
A nosotros debe interesarnos
Ese tren sin escalas, esos barcos que se pierden
En las aguas y las alas sin itinerarios.
El resto es nada. Es olvido. Es pérdida.
Isla Santa María, 25 de abril de 2004


André Cruchaga

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Publicado el: 26-04-2004
Última modificación: 00-00-0000


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