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FOLLAJES

Follajes

Palabras y palabras se atropellan
dentro de mi cabeza sin dejarme
ni siquiera un resquicio de silencio
para que las entienda y las separe.
Jos Bargamn

I
A veces las palabras se vuelven espinas
y arraigan en la sangre con un dolor perfecto.
A veces se arraigan al sueo y a lo intemporal,
A menudo, olas gigantes del mar.
Luces. Milagros. Cosechas del tiempo.
Se aprenden con asombro y tambin en soledad.
Encienden los labios y la calma.
Crecen en invierno con la msica del agua.
Son, en mi afn, una sed de bsqueda.
Desde mi ventana las invoco como al sol.
Y vienen y van y me acarician.
Y vienen y van y me laceran.
Trascienden como hmedas vegetaciones.
Palabras como los ojos de Dios
Ardiendo en el misterio del espritu.

II
Caen como las hojas que bota el viento,
Y en el agua del ro se humedecen.
A veces parecen rechinantes como la hojarasca
O asustadizas en mi sed telrica.
Tal vez mi propio silencio las hizo brotar,
Cauce completo de mi corazn inseguro.
Ah, las palabras! Empezaron a brillar
entre las piedras, con fulgor de mineral.
A travs de los sueos se me dio el alfabeto;
Pronto aprend sus misterios y chasquidos.
Luego, vocales y consonantes en plena metamorfosis
Volaron como una mariposa.
Ahora me acompaan cuando tengo fro.
Ahora me acompaan con sus cntaros
De belleza, de trueno y destino.

III
Como un gajo de papaturros
Se fueron prendiendo en mi memoria.
Ahora trepo al alfabeto como un alpinista
O como aqul distante trabajador del barro
Que moldea la materia hasta elevarla a relmpago.
Ah, las palabras! Ventanas, bosques, races, agua:
aves evasivas cantando su propio trino.
Ah, las palabras! Simples campanas de pueblo.
Pero tambin encendidas como un beso,
O un ptalo melodioso de polen
Y frtil igual que la tierra de mis ancestros.




IV
Vienen en verano como en invierno
Desde Petapa, Vainillas o El Carrizal.
Me transmutan cuando toco sus lbulos,
Cuando toco sus poros de abeja o sus muslos de pino.
Las palabras. Qu prodigio! Caen como la lluvia
E inundan con su fuego la arboleda de mis prpados:
Palabras, herbario del alfabeto: ramaje de humus;
Sueo con ellas, transparencias y catacumbas;
Vuelo con ellas por el interior de la sangre.
A veces me inundan con la tristeza del mundo.
Susurran, muerden, entran cual saeta,
Como noche tambin con los fogonazos de la historia,
Como luz tambin, para ver las llamas del tiempo.
Palabras prendindose del cuello de las enredaderas:
Aqu estoy en el campo y viviendo el humus
Secreto de los pinos y buscando claridad en el ro Tamulasco.

V
De palabras est hecho el mundo.
Abren y cierran puertas, ventanas y portones.
Al hombre mismo que camina sobre asfalto,
Hojarascas, ciudades o praderas.
Despierto, en la noche, las veo: son gajos de estrellas;
Y en el da, simples liblulas que pastan.
Al odo suenan: parecen gorgoritos de agua.
El ojo de agua se hace oracin de melancola.
En la noche infinita galopan en secreto:
Slo el corazn las ve cuando teje su sueo
En el perdido crepsculo de un viajero.
Palabras con alas, suspiros y nubes:
Espejos del sueo, pasto de garzas,
Dolor que me causan cuando nombro
Este otoo de mis campanadas urgentes.


VI
En ellas hay un nio adentro
Que cuenta Incertidumbres y Esperanzas.
Se hicieron de helechos y pedernales:
Embrin humano y herencia,
Refugio del ms intenso fro del hombre.
Fueron largos siglos resbalando en la historia:
En piedras, maderas y huesos, hasta tallar
La lengua con su cargamento de relmpagos.
En el suelo anduvieron buscando escondite:
El tiempo les dio religin y magia:
Herraduras para quedar indelebles en el alma.
Y as han venido en troncos raciales,
Estatura, color de piel y grupos sanguneos.
Y as seguirn, diurnas y nocturnas,
Mientras las sueos sigan resbalando en las hojas del tiempo.

VII
La sangre, tambin, ha circulado en sus races,
El pelo, la carne, los huesos, la vivienda,
El vestido y el calzado, el trabajo y la artesana.
Ha tallado las piedras y la madera:
Espejo extendido como el enigma del mar.
Bienvenidas, entonces, yo les abro las celosas de las ventanas
Para que festejen con la yedra, el sol o la luna
Y mis tristes desgracias que horadan los insectos.
Bienvenidas, entonces, con su olor a cuajatinta,
A ceniza, a nixtamal, a culantro y a ruda.
Primera y ltima arma: hachas de la boca,
Pero tambin fragancias inundando la tierra.
Yo las llevo siempre en mis latidos
Y en el cuaderno de mi pecho (cuaderno abierto)
Extienden sus alas para alzar el vuelo.


VIII
No veo con los ojos: las palabras son mis ojos.
Retinas e iris en los dedos bebiendo el tiempo.
Femeninos follajes con nubes de algodn.
Atadas a los rieles vetustos del fuego, impacientes.
Me sobreviven gracias a los senos, me amamantan.
Zumban en los odos como un caracol nocturno
Y se alimentan de mi sangre desnutrida.
Ellas tambin me ayudan a reconocer a mi amada;
Navegantes de ros y quebradas zanjas de la tierra
Me gustaron desde que sonaron como campanas
Y me trajeron el influjo de Hrcules o Venus o Zeus.
A magia y ritual las eleva el espritu:
Arcos irisados sobre el cielo, olas enhiestas del mar.
Hombres de maz, confusos, callados...
Races de Tnatos e Hipnos, de roco y bosque.
Yo las veo adaptadas a mis prpados en perpetua misin.


IX
Palabra que cubri de sangre los cerros,
Los rostros, mi vida, el barrio, el porvenir.
Sin saber como la noche que se extiende
Sobre el planeta con su lengua de vaca moribunda
O como pjaro amputado de sus alas frenticas.
Sin saber, palabras, nombro todas las cosas:
El tizne de la historia, el holln de los mesones,
El esqueleto del reloj en el lomo de la noche,
Igual que las ramas quebradas de la Esperanza.
Ah, palabras! Palabras! Alimento noche y da:
ojos que se cierran cuando toco su cabellera negra,
sensibles como el silencio, dolorosas como la carne.
En la garganta se vuelven viento repartido:
Pabelln Nacional en la altura de un pino,
Enarbolando la paz de todos: el vocablo, la palabra
En esta nueva brecha de magnticas alegoras.
X
A veces me dan ganas de llorar,
pero las suple el mar las lgrimas y las palabras
que brotan de las cenizas palomas de la tarde:
humo denso que me agobia humo de zinc
cuando el pjaro busca su guarida
en las ramas sigilosas de la noche
y la palabra conjura en las crestas del tiempo.
Palabras que asaltan la sed y la paciencia,
El viento, los remansos, los escombros de la vida,
Los follajes y las epifanas de los sueos.
A veces la lluvia se ahueca en las tecas y eucaliptos,
Mientras las palabras lquenes de luz
Encarnan ese secreto del trnsito que nadie entiende,
Porque nadie puede asir su vrtigo de aire.
A veces las palabras son ecos ecos del instante
En que somos y no somos: seales invisibles
De la sangre y de los juegos de la historia.


XI
Busco la palabra palabra trashumante
En la lengua vespertina que me d el da,
Cuando el canto de los gallos est hmedo de cierzo
Y el eco hondo de los pjaros es visible.
La palabra habitada. Palabra de siglos
En el suplicio del jade: colmena del tiempo
En que se inventan sueos y soles y begonias.
Palabra fosforescente en los charcos de luz
De la historia, en la lluvia, el odio, la tortura,
Pas que sale de la agona ciega e insomne
Y va como los ros buscando las manos de la transparencia.
En m es una llama que sazona sus legumbres,
llama en las sienes como cimiente habitada
por un destino mayor fuego gensico
que slo se vislumbra en la hoguera inefable
de este andar, firme evidencia, tras la palabra.


XII
Extraas palabras salieron de la emanacin
Que el invierno produce en la tierra:
Aroma oscuro de cangrejos, de troncos putrefactos.
As se form en m la palabra: anegada de barro,
De calcetines rotos, de pequeos balbuceos.
Hoy es brillante como la audacia de la imaginacin:
Moradas, negras, blancas, crecen como la yedra.
A veces me acompaan desordenadas, pero magnticas.
De pronto, tambin, se vuelven un mar inexplicable:
Cclicas, mviles, oscuras, intrpidas, sutiles...
Me acompaan con su multitud de brasas:
Doliente, agonizante de tantos sueos e imgenes,
Voy advirtiendo ventanas: la danza pursima
De los pinos y el roquedal del Cayaguanca.
XIII
Sonoras como el mar con sus campanas.
Aleteantes como los pjaros del Bajo Lempa.
Sombras, a veces, como la pobreza,
Ellas van, ro crecido por la lluvia,
Oficiando su liturgia con las slabas.
Trepan en lo alto de los rboles: la vida.
Extraas guerreras en mi cuerpo. En mi sique.
Sus dedos tocan mis poros. Espejos que ven.
Sienten annimamente. Copula la memoria.
Ah, fantasmas bebiendo mi sangre!
Las veo corpreas. Se acuestan. Se precipitan.
Saltan en sus hervores como la sopa de frijoles.
Procrean dolor y alegra en su desnudez.
Esta es la razn del desafo: impetuosa
Herida que desvive. Que quebranta.
A veces me siento impotente ante su aroma
Y es por la luz que no conozco y me embosca...


Andr Cruchaga

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Publicado el: 28-04-2004
ltima modificacin: 00-00-0000


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