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portal de la palabra virtual portal de la palabra virtualno descansarn nuestros versos portal de la palabra virtualbajo la inerte sbana del olvido portal de la palabra virtualanaMa

ELEGIA DE LAKE OSWEGO

ELEGIA DE LAKE OSWEGO
Vivir? Florecer?... Es un enhiesto lamo de puntillas que contempla la tierra con ojos color de valle de su infancia. No tiene edad, pas ni apenas nombre: Rosa. Tiene tan slo fresas en la boca, de arrasimada luz cuando sonre, y el dulcsimo resplandor de la rosa ms bella, que justifica su nombre, como el que la madre le puso a la santa flor digo mujer de Lima. Puede tener tambin, en otro caso, diecinueve aos diecinueve florecimientos?, grandes ojos oscuros, largos cabellos dorados, dos montoncitos de azucenas donde comienza el aire que se arremolina y entretiene en la cintura, y no poda faltar siendo mujer o rosa una dulce sonrisa iluminada. Sostiene, adems, una rosa entre las manos. Recordad: Dnde acaba la rosa? Dnde comienza la mujer? Todo es aqu ptelo o piel; terciopelo, quiz, encendido, tembloroso, caliente. Al norte de los Pirineos, donde no dejan de saber algo de esta noble materia delicada, llaman a esta muchacha Oh, aterciopelada carnalidad, corola o pecho, tctil perfume que estoy palpando ahora con las yemas del recuerdo.


I
Tengo en mi garganta los huesos grises del cielo.
Mis pupilas copian las sombras de las ventanas.
Sobre el csped, una ardilla instaura su reino.
Un grito sale del horizonte semejando un tranva...
Las cscaras del invierno reman como peces.
La noche entra junto a las rosas de Portland.
Mis palabras cabecean como moscas en las sienes.

II
Nubes negras sobre el buche de los cuervos.
Dasnoches como hablando en secreto:
Las pupilas de los rboles me miran,
La boca de la luna se pierde en la oscuridad.
El csped toca guitarras de hielo.
Me muero esperando la aurora:
Mi garganta humea como una ciudad en llamas.

III
Caminamos sobre la quinta avenida en Portland,
Con un atuendo de neblina.
Se recuerda. Se llora. Se anhela.
El sol es humo de cigarrillos. No la brasa.
Los aviones gruen sobre techos de madera.
Yo paso extraviado sobre el agua fra.
Sangro junto a la nueva estacin
Sangro junto a la anhelada trinchera de las estrellas.

IV
Un cuervo canta en la sombra del viento.
En la calefaccin hay cruces de rosas;
Los caballos juegan en las ramas del maple,
San Salvador rueda en mi cigarrillo oregoniense.
La luna danza.
Los violines del freeway me salpican de neumticos.
Los alambres del alba estn distantes.

V
En los vitrales de la capilla humean las candelas.
Hay un siglo de palabras en los tneles del alma.
Al fondo de los pisos, hay rosas con herrumbre.
El horizonte es un campanario vaco.
Bajo la sombra de la memoria, mezco canciones.
Yo silbo, ahora, donde culmina la geografa
Y el estertor de los volcanes...

VI
Sobre el csped cae mi sombra.
Un silbido de rboles murientes horada mi alma.
El viento de Glandtone, es un libro que se abre
En el horizonte.
He dormido agujereado de recuerdos.
Un nio me salva desde la conicidad de la noche.
Vivo atisbando, como pjaro, la miel de las flores.


VII
Nadie me responde en la nieve del Mount Hood.
El invierno me moja con sus lgrimas blancas.
Nada se ve. Sino el fondo de la noche:
I have a dream...
Sent que mis alas volaban por el horizonte.
Y la luz agonizaba en la pulcritud del csped.
Slo busco mis sueos entre las hojas.
El crepsculo es inmenso. Yo, sin embargo,
Soy mendigo del alba. De verdes techos
Que sangran... soy buscador...
Sobre las aguas del hielo negro mojo mi esto.
Mi garganta humea como una ciudad anhelante.
Mis sienes picotean puertas y relojes.
As voy, buscando, entre un rosario de hojas.
Al final, el grito, tendr barbas de primavera.


VIII
Estoy anclado en un rincn
de mi propia conciencia: cargo la luz.
Y con ella voy abriendo brechas.
Las viejas arpas del designio me acompaan.
Y la esperanza, an en el dolor y las ausencias
Es un jardn sobre pirmides que he ido descifrando
Entre rendijas de ventanas: creo en el Universo.


IX
Antes, para recordar algo, tena que invocar una imagen que me hiciera pensar en toda la escena. Ahora lo nico que tengo que hacer es tomar un detalle que he escogido con antelacin, que significara toda la escena. Digamos que alguien me dice la palabra JINETE. Todo lo que necesito es la imagen de un pie en una espuela. Antes, si alguien me daba la palabra RESTAURANTE, tena que ver la entrada del restaurante, la gente sentada adentro, y una orquesta rumana interpretando sus instrumentos, y muchos ms... Pero si me dan esa palabra hoy, veo algo que parece una tienda y una entrada con un poco de algo blanco que se asoma desde adentro eso es todo, y recordar la palabra. Por eso digo que mis imgenes han cambiado bastante. Antes eran ms precisas, ms realistas. Las que tengo ahora no son tan bien definidas y tan vividas como las anteriores... Me interesa slo un detalle para reconocer el todo.


X
Un cuervo canta sobre la cresta de los pinos.
Su faena tiene misterio de caos.
Ante m, los faroles de Campus Universitario,
Picotean el buche de las ardillas.
Ann Chapel tiene meteoritos annimos.
All se hablan lenguas. Hay voces y lgrimas.
Voces de sombras que arden en su interior:
Rebao de colinas: prpados que giran
Donde el sol slo reside en la sique.

XI
Despus de la palabra, algo queda prendido en las banderas de la aurora, en el humus hiriente, en el discurso irreverente del viento, en la alegra nupcial de las abejas, en las campnulas delirantes que espejean en los caminos. No todo escapa. Algo hay en la arcilla que la memoria guarda; y slo sale y aproxima, por las hojas de las ventanas que, el sueo alucinante, destella como un chorro de luz desde profundidades habitadas, por la magia y el azogue del misterio. Despus de la palabra, queda un camino inefable. Despus de la palabra, hay una tempestad de sueos.

Yo siempre voy tras lo que queda. Mi oficio siempre es un annimo afn de salir como pjaro e intacto e intrpido agarrar los gajos de claridad de la luz primeriza del da, de la sangre derretida del ocote, que florece en pulso con un manantial de ptalos. Sin embargo, la claridad se desvanece. Y tengo claridad sin da. Y tengo sangre sin cuerpo. Y tengo flores sin pulso. Y tengo todo. Menos, a veces, la vida que suene su vestido de corazn hmedo y verde. En vano las mnimas pertenencias. En vano el alel que emerge de mis ojos. En vano la alegra, en la franela de la luna. Ah, nostalgia naciente y diaria que en la palabra desmaya sus linternas! Ah, esta evidencia que hojeo, superior al ilusionismo del tiempo! Ah, este despus que arde en la memoria! El hombre, va dejando en su trnsito, el abandono del futuro...


XII
La boca de la aurora de Tillamook anima
El incendio verde de Oregon.
Qu pjaro o herencia del oficio
me trajo a la feligresa de la nieve?
Qu sed me condujo a Wilsonville,
a la vieja libertad de Cannon Beach
y a Multnomah Fall?
En cada lugar se abran, con ebriedad,
Las alas habituales de la maana;
La gente coronada de cierzo,
Pareca un misterio entre el soplo
Y el esplendor fosforescente
De la naturaleza y el tiempo.
Qu vieja fantasa me acompaa
en Japanese Gardens
o en The Rose Festival!
Todo parece un nudo torrencial
De vida sobre el destello del csped y la nieve.
Sobre los andamios
Y graderas hechas de nieve y viento,
Yo siento una deuda con el maana;
Por eso, el temblor humano,
El adusto anhelo de la luz,
El extrao palpitar de la sangre
Que me viene, sin desentraarlo,
De los ms auscultos espritus.
Quiz, de la vigilia de los espejos.

La boca de la aurora me llama:

Y es para emprender el oficio
De conversar con los pjaros,
Y encontrar el gran ro
Donde pulsa, verde, la vida humana.
Invierno, Oregon, 1993/4.
Editado parcialmente en Oregon, por Interface Network, 1993.













Andr Cruchaga

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Publicado el: 04-05-2004
ltima modificacin: 00-00-0000


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