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Qué hace mirando las nubes, poeta



Al poeta José Hierro,
Leyendo “Cuaderno de Nueva York”

Así era cuando roto el mar en pedazos,
La espuma corría desnuda por la infancia.
Recuerdos del mar, si; y también,
Niño de la guerra volcado en harapos.
Gritos, ecos, combates para después ser nada.
Nada es nada la bruma de la vida
Y los campos agrios de niebla.
Nada es nada después de todo y uno lo sabe.
Después uno se da cuenta de los hielos
Que llegan con la edad. De los sueños
Clavados por los relámpagos del mar,
Del bufón que uno fue pensando en los espejos
De la eternidad. ¿En qué mundo no zumba
El aire desgarrado? ¿En qué grifos se cuelan unicornios?
¿En qué realidades los afluentes nos pertenecen
Y cantar sacia la sed de los ríos?
¡Ah, inútilmente queremos hallarle ritmo a las nubes
Y desaromar el misterio de la rosa en los sueños!
Nada es nada cuando el alma sale desnuda en la noche,
Y los enemigos arrebatan nuestra sombra,
Y los recuerdos gotean sobre las sombras del sol
Hasta levantar olas para construir rostros.
Nada es nada, poeta, aunque la cárcel se abra
Y uno se tienda sobre la hierba a soñar.
El desaliento está ahí, desnudo,
Como el eco misterioso de las campanas.
Nada es nada, poeta, aunque en el principio haya sido el amor.
El otoño se ciñe al cuerpo, imagínese usted,
Para luego apagar las manos: Ser sombra y silencio.


André Cruchaga

Copyright © Todos los derechos reservados.

Publicado el: 01-06-2005
Última modificación: 00-00-0000


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