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E-mail para un poeta al otro lado del Atlántico

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Querido poeta:
Con el tiempo uno puede distinguir toda altura;
Pero nunca explicar la sombra que encarna el poema.
De nada sirve ganar todos los premios,
Y creer que estás inventando la memoria del mundo.
Cada poeta tiene su tiempo y su espacio. Al menos eso creo.
Puedes desgarrar tu alma escribiendo y escribiendo;
Pese a ello lo que encuentras en tu prójimo
Es esa perpetua lucha de contrarios que ambos aprendimos de Heráclito:
El país no te conoce;
Puedes llenar las páginas de los periódicos
Pero al país le da igual:
La gente no te distingue,
Ni por la manera en que vistes,
Ni por el trabajo al que resistes con tu palabra.

A menudo se te pide un poema.
O que expliques las fronteras de las ventanas,
Pero siempre caes en la orfandad del mundo:
Al país le vale un bledo tu comunión errante
Con los pañuelos del sueño.
Si es posible te mueres de hambre al hacer este tipo de Patria:
El país te priva con sus ráfagas intrépidas.
Al final terminas siendo un fervoroso poeta provinciano.
Y eso duele. Claro que duele. De esto te doy fe.
El País te ofrece un permanente desamparo:
Un río de olvidos y carencias, una permanente purga,
Un clímax de poderes donde sólo entran los consagrados,
Los heroicos que han sido retratados en los sellos postales,
O los ungidos con las mieles milenarias del abolengo.

Tú sigue escribiendo si ese es tu genuino respiro.
Trata que el pabilo de la emoción no se apague.
Camina. Busca. Persigue tu propia sombra y tus convicciones:
Nunca fue fácil jugar en las grandes ligas.

Escribe, poeta, con el fuego de la lluvia:
Estoy seguro que el agua reconocerá tu cauce
Y sabrás encontrarte y desdecir a los exegetas de las verdades
Inmutables.
Ya cuando eso pase, vuelto a ti mismo,
Verás que el anhelo y la fantasía
No tienen que ser dádiva de nadie.

El buen orfebre se reconoce por su obra. Eso me lo dijo un crítico a mí cuando comenzaba en estas lides.
Haz bien la tuya con los lienzos de la hoguera.
Haz bien la tuya aunque el mundo te ponga barreras.
De todas maneras no eres el único
Al que se le niega una mano o se le ignora.

Funde, poeta, el aliento de los sueños en la palabra.
Haz que la humedad llegue en el aroma del suspiro.
Reescribe, si puedes, en un vaso de agua la vida,
Que sólo tú eres tú, como dijo Shakespeare.


André Cruchaga

Copyright © Todos los derechos reservados.

Publicado el: 06-06-2005
Última modificación: 00-00-0000


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